Pensando un poco en el futuro que nos espera a los que como yo nos dedicamos a la reparación de vehículos, tanto de mecánica como de carrocería, me llama mucho la atención  el hincapié que desde todos los sectores se está haciendo para poner encima de la mesa el tema de los vehículos eléctricos, híbridos, de gas, biodiésel, hidrógeno, etc..

Es en este punto donde me planteo que todo esto es el futuro que a corto, según algunos; a medio, según otros; o a largo, según la mayoría del sector al que me dedico. Son los temas de conversación en cualquier debate de fin de semana o las dudas que se tratan, se comentan y se analizan por cualquier usuario que esté pensando en comprar un coche nuevo.

Pero nadie se ha puesto a pensar en quién va a reparar esos nuevos vehículos. Y ya no sólo estos, sino todo los millones que tenemos en la actualidad. Porque es cierto que los tiempos cambian, los coches se mejorarán, la tecnología se va superando día a día, los materiales cada vez son más ligeros y menos contaminantes… Sí, pero también es cierto que a pesar de los medios que cada vez más se incluyen en nuestros coches, seguirán existiendo reparaciones y siniestros.

Es por eso que desde aquí quiero lanzar un SOS a todo tipo de administraciones públicas y privadas. Está muy bien que se gasten grandes cantidades en innovación, desarrollo, o como se llama desde los últimos años, el I+D+I,  pero nadie se ha puesto a pensar que actualmente carecemos de personal cualificado en el sector de la reparación de vehículos. Existe una gran demanda de profesionales… y con gran demanda me he quedado muy muy corto.

Siempre he escuchado que se ha perdido una generación. Y aunque yo particularmente no estoy del todo de acuerdo, sí es verdad que a las últimas generaciones ni les motiva este oficio, ni se les dan medios para aprender una profesión tan bonita y gratificante como es la de la reparación de mecánica o de chapa y pintura.

Profesión que antes se transmitía de padres a hijos (como fue mi caso) o de maestros a aprendices. Hoy esa transferencia de conocimiento se está perdiendo. Y es verdad que existen centros de aprendizaje de mecánico o electromecánico, institutos de enseñanza de chapa y pintura, pero la demanda es enorme, y muy difícil de abastecer la industria actual.

Vengo de una familia de tres hermanos varones. Mi padre nos obligaba a estudiar como cualquier padre, no quería que nos dedicáramos a este ‘rabiaero’, como él lo llamaba, pero a su vez también nos decía a los tres que la de mecánico o chapista son profesionales preciosas. Todo el mundo no podría ser médico o maestro, también tendríamos que haber en el mundo carpinteros, electricistas, albañiles, etc. Qué razón tenía…

Hay que ser conscientes de que la demanda actual es brutal y esta profesión no se aprende de la noche a la mañana. Nos falta mucha mano de obra y ya no digo que toda tenga que ser profesional o cualificada, pues, igual que antaño, se seguirá transmitiendo de padres a hijos y de maestros a aprendices, de lo contrario en uno pocos  años, y estos sí serán pocos, no habrá nadie para reparar un diésel, gasolina, eléctrico, híbrido, gas o como lo queramos llamar. Saber qué tecnología va a ser la que predomine es importante, pero no perdamos de vista otros aspectos que son igual de importantes. Si no, no habremos perdido una generación, sino un oficio tan bonito como es el mío y de muchos de ustedes. Está en riesgo un oficio. No dejemos que se pierda”.

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